Hoja 2
2.
a) Cristo es el fin de los tiempos. Todas las revelaciones anteriores son
trascendidas en la revelación de Cristo; todas aluden a El; El las resume y revela su
sentido último, de forma que sólo desde El pueden ser plenamente entendidas.
"Muchas veces y en muchas maneras habló Dios en otro tiempo a nuestros padres por
ministerio de los profetas últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo" (/Hb/01/01-02).
Las genealogías, citadas varias veces al comienzo de los Evangelios de San Mateo
y San Lucas, tienen el sentido de situar a Cristo como fin de la revelación de Dios a
través de los siglos, de subrayar la continuidad entre el Antiguo y Nuevo Testamento. Las
figuras citadas salen en larga procesión al encuentro de Cristo, como los profetas en los
pórticos de las Iglesias medievales. Del sentido de las genealogías, habla San Ireneo:
"San Lucas muestra cómo las generaciones que van desde la generación del Señor
hasta Adán comprenden setenta y dos series. Une así el fin con el principio,
atestiguando que es el Señor el que reúne así, a todos los pueblos, desparramados sobre
la faz de la tierra, en la variedad de lenguas y de estirpes, resumiéndolas a todas con
Adán en sí (Adversus Haereses III, 22, 3).
Cristo es el Esperado en todo el AT; allí se habla de El como del que va a
venir. El AT es la prehistoria de Cristo, en la que en cierta manera se traslucen los
rasgos de su vida. La figura de Cristo proyecta su sombra en el AT en una rara inversión
del ejemplarismo griego y del pensamiento natural, que conocen tan sólo las sombras de lo
que realmente existe. Aquí la aurora es el reflejo del día: el Antiguo Testamento es la
irradiación del Evangelio. (Hebr. 10, 1; Rom. 5, 14; Gal. 3, 16; I Cor. 10, 6; Col. 2,
17). Según esto, todo el AT es un texto profético, cuyas palabras y signos se cumplen en
Cristo.
SCHMAUS
TEOLOGIA DOGMATICA III
DIOS REDENTOR
RIALP. MADRID 1959-3.Pág. 89
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