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La lectura menciona a cuatro mujeres; algo insólito que requiere explicación.
Podría ser que Mateo hubiera querido destacar una vez más el universalismo de la
nueva alianza, prefigurada ya en la ascendencia del Mesías (de hecho, las mujeres
son extranjeras); Cristo viene de la humanidad, no sólo de Israel.
Podría ser también que hubiera querido indicarnos que la salvación se ofrece
no sólo a los justos, sino también a los pecadores (las mujeres mencionadas se
relacionan con situaciones de pecado) y que, en todo caso, Cristo es solidario de la
historia de los hombres, historias no de santos, sino de pecadores. Podría,
finalmente, haber querido subrayar que el plan de Dios termina siempre
cumpliéndose, si bien a veces por caminos desconcertantes. Las tres hipótesis no
se excluyen. También (cf. Gen 38) manifiesta una voluntad obstinada de querer dar
descendencia a Judá, a pesar de que es una mujer extranjera; así, a través de ella el
plan de Dios avanza a despecho de los hombres y por caminos insospechados. Rahab
(cf.Jos 2,1-11) recurre a todo con tal de permitir que el plan de Dios se realice,
y toda esa obstinación se da en una extranjera. También Rut se describe como una
mujer fiel y obstinada en su afán de conservar la línea del marido (la línea
mesiánica), y una vez más se trata de una extranjera. Finalmente, la mujer de
Urías recuerda el pecado de David (2 Sam 11-12); pero tal pecado no impide el plan
de Dios. Así pues, la promesa de Dios se realiza a despecho de los hombres, por
caminos desconcertantes e imprevistos. Junto a la línea de la sangre previsible
está la línea de la sorpresa y de la elección. Junto al pueblo judío esta la
obstinación de los extranjeros. Y entre los obstáculos que Dios debe vencer está el
pecado. En definitiva, Cristo es fruto, más que de los hombres, de una voluntad de
Dios que sabe seguir adelante incluso cuando los hombres pretenden cerrarle el
camino.
BRUNO MAGGIONI
EL RELATO DE MATEO
EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 16
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