| Leandro N. ALem: Es constante el peregrinar de
personas que se acercan a esta ciudad en busca de los gorgojos que según se dice, cura el
cáncer. El matrimonio conformado por Edith y Arnoldo Rösler tiene en su
casa una suerte de criadero de los insectos.
Allí, sin cesar reciben la
visita de cientos de personas que recorren largas distancias para llevarse un puñado de
aquellos pequeños animales.
Días pasados, dos mujeres
llegaron de la Capital Federal en busca de los insectos al igual que varios
centenares de personas que desesperadas por el implacable avance del cáncer en amigos o
familiares recurren a los gorgojos en busca de una alternativa de solución al destructivo
mal.
Desde Buenos Aires
Nelly Thoth y Beatriz Luis,
llegaron en el vuelo de las ocho al aeropuerto de Posadas, con el único propósito de
llegar a Alem. Luego de deambular por la capital de la provincia salieron con destino a
Oberá, desde donde volvieron a viajar hasta la capital de la alegría, lugar donde reside
la familia Rösler.
Ambas venían tras la
huellas de los gorgojos y, según comentaron, en busca de un par de plantas que liberan un
liquido que, disuelto en agua o leche, ayuda a sobrellevar la dolencia.
A las mujeres las une un
abuelo que es el alma de la familia y apoyo principal de varias generaciones a quien,
desde hace ya algún tiempo se le declaró un cáncer que de a poco lo consume.
"Se hizo todos los
tratamientos - dijo una de la mujeres - y los siguió al pie de la letra, pero la
mejoría no se veía, hasta que un día a través de una publicación del diario nos
enteramos de que existían los gorgojos, tiempo después lo vimos por televisión y a
partir de allí comenzamos a buscar la forma de llegar a los bichitos".
"Tal es así que los
conseguimos en Buenos Aires, pero antes fuimos a la Casa de Misiones y allí nos Dijeron
que es mucha la cantidad de gente que se acerca a preguntar por eso, pero no supieron
decir nada mas", contaron.
Continúa (parte II)
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