| Según
dijeron las mujeres, desde que su pariente comenzó a comer los gorgojos mejoró, "se
lo ve mas animado y volvió a comer, además los últimos estudios demostraron que el
cáncer se le encapsuló lo que nos causó una alegría muy grande", comentó Nelly
Toth. Consulta
Una
vez en casa de los Rösler, las mujeres le comentaron a Don Arnoldo ( quien asegura
haberse curado de un cáncer de piel) acerca del estado de salud de su abuelo, además de
otras cuestiones que tienen que ver en forma más puntual con respecto a la ingesta de los
insectos.
Luego, de una extendida
charla, Doña Edith Rösler, vino con varios frascos conteniendo los gorgojos, que
despertaron una fuerte emoción en las visitantes dado que según manifestaron "la
falta de aquellos bichitos, hizo poner en peligro la salud de nuestro abuelo y tenían
toda la fe puesta en ellos".
En otro orden de cosas,
Beatriz Luis comentó que en Buenos Aires, se formó una suerte de Red solidaria con los
gorgojos, "los que tiene una cantidad suficiente les dan a otros que necesitan, ya
que allá no sé porqué pero cuesta que se reproduzcan, al igual que las plantas que
necesitamos". Grande Fue la sorpresa de Beatriz cuando notó que la planta que allá
no logra prender, en el jardín de los Rösler existe un árbol de la misma especie".
Libro de visitas:
Don Arnoldo, lleva un precario
control de las personas que lo visitan a diario en busca de los gorgojos. En una basta
lista dispersa entre varios papeles y anotadores se constata la presencia de visitantes
desde los lugares mas remotos, como del Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú entre
otros puntos del continente. La lista casi llega a mil personas y familias que vinieron a
buscar los insectos. Los Rösler reciben al visitante con la alegría y hospitalidad de
las colonias misioneras y los despiden en medio de una gran emoción entre besos y abrazos
como si fueran amigos de toda la vida.
El costo:
No tiene costo, solo un cálido abrazo y un deseo de cura.
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